La bruja era experta en legeremancia, en oclumancia, en el tarot, en la lectura de las líneas de la mano, en el horóscopo y en el amor. Su vida estaba llena de hechizos y pociones que ayudaban a los solicitantes a mejorar un poco más su vida a cambio de un módico precio. Ella pasaba el tiempo en su vagón de tren, apostado en la tierra, en medio de la feria más divertida del mundo. La magia dominaba el ambiente.
Sus ojos eran marrones, y su pelo de ébano era liso y estaba graso al mismo tiempo. Llevaba su cabello recogido en una modesta coleta para tener la cara a la vista. Su vestimenta era pobre pero colorida y estaba desgastada por el uso. La tela, era muy barata y se rasgaba conr apidez, dejando al descubierto la piel aceitunada de la bruja, que estaba muy delgada. La delgada línea que existe entre la consciencia y la inconsciencia era delimitada por lo que revelaba el tarot y las líneas inequívocas de la mano. Su razonamiento estaba siempre conducido por su intuición y su corazón. Nada se le escapaba.
Un caluroso día de verano vino un hombre a pedirle consejo acerca de su vida privada. Su pelo era dorado cual rayos de sol y su peinado rizado y suelto daba al hombre un aspecto juvenil. Su mirada era intensa y del color del cielo más limpio y puro. Su ropa era de marca y estaba bien planchada. Llevaba unos pantalones de tafetán negros con una camisa de manga corta blanca y una chaqueta de tafetán a juego con el pantalón. Sus zapatos eran también negros y le daban al conjunto un aire distinguido. Su figura era esbelta y su cuerpo estaba muy bien cuidado, del mismo modo que lo estaba su personalidad, educada en Inglaterra con llos mejores tutores personales. Era un hombre galante y apuesto, el partido más adecuado. Su nombre era Erik.
El hombre se sentó de inmediato frente a la hechicera, con los nervios de punta y un fajo de billetes en la mano derecha. La mirada de la bruja se encontró con la de Erik y este consiguió calmarse un poco antes de comenzar a hablar:
- "Me gustaría saber si voy a tener éxito en una empresa que me propongo..." - dijo el hombre con la voz entrecortada.
- "Veamos lo que dicen las cartas". - contestó la bruja con una sonrisa en los labios y la mirada fija en los billetes...

que triste, ningún comentario...
Hay brujas y brujas. Algunas miran en la bola de cristal, otras a los billetes y otras, simplemente dejan de mirar para ver.
Ya tienes un comentario, mujer.... ;)
Gracias emes!!